NEW YORK -- Josh Hamilton lo soñó alguna vez. Y aunque no fue el ganador de la noche, vio hecho realidad un sueño que parecía imposible.

Con un sorprendente despliegue de poderío, el toletero de los Rangers de Texas conectó un récord de 28 vuelacercas el lunes en la primera ronda del Derby de Jonrones en el Yankee Stadium antes de ser derrotado por Justin Morneau en la final.

Morneau, de los Mellizos de Minnesota, superó 5-3 a un cansado Hamilton en la última ronda, con lo cual obtuvo el título del Derby previo al Juego de Estrellas del martes. Pero Hamilton fue la estrella de la noche.

El toletero de los Rangers de Texas, que regresó luego de retirarse por su adicción a las drogas y al alcohol, rompió la marca del venezolano Bobby Abreu en una ronda con una impresionante muestra de poder. Abreu pegó 24 cuadrangulares en la primera ronda del 2005 en el Comerica Park de Detroit.

La increíble recuperación de Hamilton ha llegado con frecuencia a los titulares de la prensa nacional en esta campaña, y el toletero volvió a contar el lunes la historia de un sueño que tuvo hace dos años: Era entrevistado en el Yankee Stadium luego de participar en el Derby de Jonrones.

"Puedo decir que fue una coincidencia, pero no creo en las coincidencias", señaló.

Aquel sueño llegó cuando Hamilton estaba todavía fuera de las Grandes Ligas y antes de que la sede de este Juego de Estrellas se le otorgara al legendario Yankee Stadium, en su última temporada.

"Evidentemente en el sueño no quedaba claro cuántos jonrones pegaría", dijo Hamilton en una entrevista con la televisión luego de su estupenda actuación en la primera ronda. "Me siento bendecido por haber jugado aquí".

Mientras los 53.716 espectadores coreaban su nombre, el zurdo Hamilton conectó 13 lanzamientos consecutivos antes de quedar corto en sus últimos dos batazos. Su disparo más largo tuvo una longitud de 512 pies.

"Siento escalofríos", dijo.

Con su swing preciso y relajado y un poderío asombroso, Hamilton parecía una opción obvia para aprovechar la corta dimensión del jardín derecho en el parque. Sin embargo, se voló las bardas más difíciles con facilidad, al sonar tres garrotazos de más de 500 pies.

"Tuve suerte de que hubiera una pausa antes de la final", dijo Morneau. "Este espectáculo fue de él, y él merecía ganar. Ha sido una de las mejores actuaciones que he visto".