NUEVA YORK -- El ritual fue el de siempre para Mariano Rivera y el estelar relevista panameño no defraudó, como es su sello de garantía.

Con la pizarra empatada 3-3 y un corredor en la inicial en el noveno inning, Rivera hizo su esperada aparición en el último Juego de Estrellas en el Yankee Stadium.

"Enter Sandman", el tema de rock pesado que nunca falta cuando Rivera sale del bullpen, retumbó por los parlantes del estadio. Los más de 55.000 fanáticos en el feudo de los Yanquis de Nueva York se pusieron de pie para rendirle una ovación cerrada al que se le considera como el mejor taponero de todos los tiempos.

Semejante momento parecía que no se iba a dar, ya que la Liga Nacional llegó a comandar 3-2 a la altura del octavo capítulo.

¿Llegó Rivera a temer que se quedarían sin lanzar?

"Siempre me mantuve optimista", declaró Rivera a la AP. "El partido se empató y pude pitchear. Y no sólo fue una entrada, sino casi dos entradas".

Como costumbre, Rivera se agrandó ante los atolladeros. El del noveno, por ejemplo, lo sofocó al recetar un ponche y la ayuda inmediata de un tiro perfecto del receptor Dioner Navarro para sacar out a un corredor en intento de robo a segunda.

El manager Terry Francona lo mandó a lanzar en el décimo inning, y se metió en problemas al permitir un par de hits que colocaron corredores en las esquinas. No hubo daño alguno cuando obligó a Dan Uggla a batear un roleta para doble matanza que puso fin al inning.

"Ha sido una gran satisfacción, una salida muy especial", señaló.

Tampoco se dejó llevar por todas las expectativas generadas en los últimos días sobre si iba a ser el encargado del noveno en su propia casa.

"Las emociones tenía que dejarlas a un lado para aguantar el partido", contó.

Admitió que sabía de antemano que iba a lanzar en el noveno, pero que no podía decírselo a la prensa.

"Me había enterado hace unos días, pero no podía decirlo. (Francona) no me lo dijo específicamente. Mi manager (Joe Girardi) fue quien me lo adelantó", indicó.