Hace poco, en Boston, una pregunta causó a Mariano Rivera a mostrar sus dientes. Se definió ese día.

Jonathan Papelbon, el nuevo cerrador de los Medias Rojas, había dominado por completo a la Liga Americana durante unas semanas. Y Rivera fue preguntado si él sentía una motivación especial enfrentándose al joven cerrador para demostrarle quien era el mejor.

Rivera, que suele ser una persona reservada con sus comentarios, parecía listo para lanzar relámpagos de sus ojos.

"Yo no le tengo que demostrar nada a nadie. He hecho esto por mucho tiempo," comentó Rivera. "El es el que tiene que demostrarme algo a mí. Tienes que hacer este trabajo por más de un mes. Tienes que hacerlo año tras año, entonces sabes lo que tienes."

La reacción se puede atribuir a la competitividad y orgullo del panameño, dos elementos de su personalidad que le ha permitido convertirse en uno de los mejores, más seguros relevistas en la historia de las Grandes Liga. La otra parte es su brazo, de donde sale la recta cortada que ha dejado un sin número de bateadores con la madera en el hombro.

En Mariano Rivera, los Yanquis y sus aficionados saben lo que tienen. Ellos tienen a un original. Una leyenda viviente.

Todas las leyendas neoyorquinas ya han sido elogiados y la actual generación de los aficionados de los Yanquis tratan de mantener la tradición en la receptoría (Yogi Berra), los jardines (Babe Ruth, Joe DiMaggio), la primera base (Lou Gehrig) y en la rotación (Whitey Ford).

Pero no hay nadie que Rivera puede seguir. El está creando el molde. El récord de salvados antes de que llegara Rivera le pertenecía a Dave Righetti con 224 salvados. Rivera puede duplicar ese número.

Los salvados han sido una estadística que ha sido menospreciado en los últimos años por la cantidad que se ha acumulado. Ya parece casi rutina conseguir un salvado. El salvado es el centavo de los númeritos de las Grandes Ligas. Algo que es útil, pero demasiado común para tener un puesto de honor.

Pero, de vez en cuando hay una moneda rara.

Hay tres relevistas que le ganaron a Rivera a la marca de los 400 salvados. Pero incluir a Rivera en ese grupo es como decir que has recorrido las mismas millas en bicicleta que Lance Armstrong. Puede que así sea, pero no son las millas.

Rivera tiene los números a su lado. La cantidad de marcas que posee parece como una bromea.

Cinco veces ha superado la marca de los 40 salvados con un promedio de efectividad menos de 2.00. Comenzando en el 2001 hasta el 2005 ha dado 63 bases por bolas y ponchado a 333. Durante la misma racha ha entregado 16 jonrones en 354 entradas.

Mientras Rivera se acerca al salvado número 400, también se está acercando al aniversario del último jonrón que permitió, el 16 de agosto del 2005 a Eduardo Pérez de los Devil Rays. El último cuadrangular que cedió en el Yankee Stadium fue el 5 de abril del 2005.

Pero con Mariano, nunca ha sido la cantidad, pero la cualidad. No que, pero cuando.

Nadie ha apagado más fuegos en los momentos decisivos que Mighy Mo. Sus primeros salvados, mientras reemplazaba al lesionado John Wetteland en 1996, llegaron en el camino de los Yanquis a la Serie Mundial.

Su espectacular trayectoria es lo que lo hace único y lo que será su legado. Rollie Fingers saltó al a fama gracias a cinco títulos divisionales con los Atléticos que lo llevó a ser el primer cerrador en el Salón de la Fama, lo mismo sucedió con Dennis Eckersley y Bruce Sutter.

Pero Mo lo ha hecho a lo largo de diez temporadas consecutivas.